Categoría: Espacio público

  • #Reseña: Ciudad Feliz, una invitación a mirar lo que funciona en nuestras ciudades

    En medio de tantos discursos que hablan sobre el colapso de las ciudades y sus problemas, del tráfico interminable, el caos y la desigualdad, Ciudad Feliz de Charles Montgomery (2023) aparece como un respiro necesario.

    En lugar de insistir en lo que va mal, este libro propone mirar lo que sí funciona: las ciudades que, poco a poco, logran hacer felices a sus habitantes. Montgomery, periodista y urbanista canadiense, no escribe para especialistas: convierte ideas complejas en reflexiones accesibles.

    Un urbanismo que empieza en las personas

    Lo que hace tan valioso a Ciudad Feliz es su punto de partida: el bienestar humano. Montgomery se pregunta cómo los espacios, las calles o los medios de transporte afectan nuestras emociones cotidianas ¿Por qué algunas calles invitan a caminar y otras generan ansiedad? ¿Por qué en ciertos barrios la gente se saluda más y en otros no?

    Basándose en estudios de neurociencia, economía conductual y psicología ambiental, el autor muestra cómo la configuración del entorno urbano puede potenciar o limitar nuestra felicidad.

    Una de las aportaciones más poderosas del libro es su mirada optimista, Montgomery no ignora los problemas urbanos, pero elige centrarse en los ejemplos positivos: Copenhague, Bogotá, Vancouver, Medellín o Portland, donde se están ensayando soluciones que ponen a las personas en el centro.

    El autor llama a ver estos lugares como “faros de esperanza”, no como modelos a copiar, sino como laboratorios de ideas que pueden adaptarse regionalmente. En lugar de importar planes, podemos inspirarnos en los principios planteados.

    Esta perspectiva resulta especialmente valiosa para quienes estudiamos o enseñamos urbanismo en Latinoamérica. Muchas veces las discusiones se estancan en el diagnóstico de carencias; Montgomery nos recuerda la importancia de mirar lo que ya funciona, aunque sea en pequeña escala, y aprender de ello.

    No habla solo de planeación, sino de cómo el diseño urbano moldea nuestras relaciones sociales y emociones. La ciudad puede ser una máquina que produzca bienestar o una que lo destruya, todo depende de las decisiones colectivas que tomemos.

    Una lectura obligatoria para estudiantes, docentes y ciudadanos

    Por su lenguaje accesible, Ciudad Feliz es un texto ideal para estudiantes de arquitectura, urbanismo y diseño urbano. Aporta un marco de pensamiento que combina teoría, evidencia y sensibilidad social.

    Como docentes o profesionales, el libro también nos invita a revisar nuestra propia práctica: ¿Diseñamos para la eficiencia o para el bienestar? ¿Cuánto espacio damos a las emociones y experiencias cotidianas en nuestros proyectos urbanos?

    Ciudad Feliz no es solo un libro sobre urbanismo: es un manifiesto sobre la empatía y la esperanza. Invita a pensar la ciudad no desde la frustración, sino desde la posibilidad. Su mensaje es simple pero transformador: las ciudades felices son aquellas que hacen felices a las personas.

    Leerlo es un acto de optimismo informado, una invitación a imaginar y construir ciudades donde la felicidad no sea un lujo, sino una meta colectiva.

    Si después de leer esta reseña, te interesa leer este libro, puedes comprar el libro por medio de nuestros links de afiliado de Mercado Libre, esto nos ayuda a seguir generando contenido:

    Español: https://mercadolibre.com/sec/2UbCJEB

    Ingles: https://mercadolibre.com/sec/1P1wM86

    Fuentes:

    Montgomery, C. (2023). Ciudad feliz: Transformar nuestras vidas a través del diseño urbano.

  • Distancias caminables: diseñar ciudades para caminar

    En un contexto urbano donde el automóvil ha dictado durante décadas la forma y el ritmo de nuestras ciudades, recuperar al peatón como protagonista del espacio público se ha vuelto una prioridad. 

    El concepto de distancias caminables plantea una perspectiva clave para repensar el diseño urbano, orientándolo hacia la escala humana.

    ¿A qué distancia estamos realmente dispuestos a caminar? ¿Qué factores influyen en esta decisión? Y más importante aún: ¿Cómo debe diseñarse la ciudad para que caminar sea una opción viable y atractiva?

    ¿Qué son las distancias caminables?

    El término «distancia caminable» no se refiere únicamente a una medida lineal, sino a una noción más compleja que integra aspectos físicos, perceptuales, sociales y funcionales del entorno. 

    Las distancias caminables son aquellas que las personas pueden (y están dispuestas) a recorrer a pie para satisfacer sus necesidades cotidianas, ya sea ir al trabajo, la escuela, al mercado o simplemente pasear.

    En ese sentido, una ciudad caminable no es la que reduce al mínimo las distancias físicas, sino la que crea condiciones agradables, seguras y accesibles para caminar. 

    Entre las características que desincentivan el usar el espacio público y caminar, podemos encontrar las inclemencias del clima (sol, lluvia), falta de vegetación, alta percepción de inseguridad, banquetas en mal estado (o incluso ausencia de banquetas), falta de vida pública y actividades atractivas que hagan más agradable el trayecto.

    Por ello, hablar de distancias caminables implica considerar la experiencia del peatón en su interacción con el entorno construido.

    Factores que determinan la caminabilidad del entorno

    1. Distancia percibida vs. distancia real: la percepción del espacio influye de manera determinante en la disposición de las personas a caminar. Una calle recta, larga y monótona puede parecer más lejana que una ruta con cambios visuales, sombra y actividades, aun cuando la distancia física sea la misma. Por lo tanto, el diseño urbano debe atender tanto a la geometría como a la experiencia sensorial del recorrido.

    2. Diversidad de usos y destinos: Una alta mezcla de usos del suelo dentro de distancias razonables (entre 400 y 800 metros) incentiva los desplazamientos a pie. Escuelas, tiendas, parques, transporte público y vivienda deben coexistir en un radio compacto. Esto permite que caminar sea no solo posible, sino conveniente.

    3. Seguridad y confort: La calidad de las banquetas, el mobiliario urbano, la iluminación, la sombra vegetal y la presencia de otros peatones contribuyen a crear un entorno percibido como seguro. Si caminar es incómodo o peligroso, incluso distancias cortas resultan disuasorias.

    4. Tiempo de desplazamiento: más que la distancia en metros, lo que las personas evalúan al decidir caminar es el tiempo que les tomará. Caminatas de 5 a 15 minutos suelen considerarse aceptables para actividades cotidianas, especialmente si el entorno es atractivo y funcional.

    La ciudad a escala humana

    Diseñar ciudades caminables implica adoptar un enfoque que priorice al peatón, su escala y necesidades. Esto supone romper con la lógica de zonificación y el diseño orientado al automóvil, para favorecer densidades compactas, mezclas de usos y una red de espacios públicos conectados.

    “Si algún día los hombres urbanos quisieran optar por una ciudad más dignificada, la calle sería lo primero en la lista por reivindicar” (Espinosa, E., 2013)

    Una ciudad bien diseñada es aquella en la que los desplazamientos cotidianos pueden hacerse a pie o en bicicleta, sin necesidad de depender del coche. 

    Esta visión no solo mejora la salud pública y reduce la contaminación, sino que también fortalece el tejido social al propiciar el encuentro y la interacción en el espacio público.

    Recomendaciones para fomentar las distancias caminables

    • Ubicación estratégica de equipamientos urbanos. Escuelas, mercados, paradas de transporte y parques deben distribuirse equitativamente en los barrios.
    • Diseño de calles completas. Incorporar banquetas amplias, arbolado, cruces seguros, iluminación y mobiliario.
    • Fomento de usos mixtos. Evitar zonas exclusivamente residenciales o comerciales, y promover barrios donde se pueda vivir, trabajar y consumir.
    • Incentivos normativos. Establecer lineamientos urbanos que prioricen proyectos compactos, conectados y caminables en los instrumentos de planeación.

    La caminabilidad no es una moda ni un lujo: es un criterio fundamental para el diseño urbano contemporáneo. Incorporar el concepto de distancias caminables en la planificación de nuestras ciudades nos permite avanzar hacia entornos más saludables, equitativos y sostenibles. Redescubrir al peatón es, en realidad, redescubrir el sentido profundo de la ciudad.

    Fuentes

    • Espinosa Fernández, E. I. (2013). Distancias caminables: Redescubriendo al peatón en el diseño urbano. Trillas.
  • ¿Qué es el urbanismo táctico? Cambios pequeños que transforman ciudades

    Imagina que un grupo de vecinos se junta a pintar un cruce peatonal, para hacerlo más visible, colocar macetas para delimitar el área de los automóviles y colocar bancas improvisadas, creando una pequeña plaza donde poder hacer vida comunitaria en donde antes sólo pasaban autos. 

    No es una gran obra pública, ni un proyecto millonario. Pero cambia por completo cómo se vive ese espacio. Eso es el urbanismo táctico: intervenciones urbanas pequeñas, temporales y de bajo costo, que buscan mejorar la vida en la ciudad… ¡Desde ya!

    En los últimos años, este enfoque ha tomado fuerza en todo el mundo como una herramienta poderosa para reimaginar el espacio público, y lo mejor es que está al alcance de cualquiera, incluso de estudiantes de arquitectura.

    ¿Pero qué es exactamente el urbanismo táctico?

    El término nació como una respuesta ciudadana a la lentitud y rigidez de la planeación urbana tradicional. En lugar de esperar años para ver cambios, el urbanismo táctico propone acciones inmediatas que, aunque sean temporales, permiten experimentar cómo podría ser una ciudad más amable, segura y disfrutable para todos.

    Se trata de usar materiales sencillos como pintura, conos, palets, señales o mobiliario portátil para transformar calles, banquetas o plazas por un tiempo limitado. Pero lo interesante es que muchas de estas intervenciones han tenido tanto éxito que terminan volviéndose permanentes.

    ¿Por qué importa esto para quienes estudiamos arquitectura?

    El urbanismo táctico nos enseña a prototipar, a probar ideas en la vida real, en lugar de quedarnos solo en planos y renders. También nos recuerda que el diseño urbano no es exclusivo del gobierno o de grandes oficinas, sino que puede surgir desde la comunidad, desde lo cotidiano.

    Además, nos obliga a pensar en soluciones con pocos recursos, lo cual es un reto muy útil para nuestra formación: ¿cómo resolverías un cruce peligroso con solo 5 mil pesos, un par de amigos y algo de creatividad?

    La próxima vez que tengas que diseñar un parque, una calle o una propuesta urbana en tu proyecto, piensa: ¿Qué podrías probar primero de forma temporal? ¿Cómo se vería una versión «táctica» de tu propuesta? ¿Qué pasaría si involucraras a los usuarios y vecinos reales desde el inicio?

    El urbanismo como experimento vivo

    Las ciudades están vivas, y como tales, cambian constantemente. El urbanismo táctico nos recuerda que no todo tiene que ser definitivo para ser significativo. A veces, una intervención pequeña puede detonar grandes transformaciones. Y eso es algo que podemos empezar a practicar desde la escuela.

    Así que si alguna vez sientes que no puedes cambiar nada como estudiante, piensa en esto: bastan pintura, voluntad y comunidad para empezar a transformar tu ciudad, una esquina a la vez.