Categoría: Movilidad sostenible

  • Distancias caminables: diseñar ciudades para caminar

    En un contexto urbano donde el automóvil ha dictado durante décadas la forma y el ritmo de nuestras ciudades, recuperar al peatón como protagonista del espacio público se ha vuelto una prioridad. 

    El concepto de distancias caminables plantea una perspectiva clave para repensar el diseño urbano, orientándolo hacia la escala humana.

    ¿A qué distancia estamos realmente dispuestos a caminar? ¿Qué factores influyen en esta decisión? Y más importante aún: ¿Cómo debe diseñarse la ciudad para que caminar sea una opción viable y atractiva?

    ¿Qué son las distancias caminables?

    El término «distancia caminable» no se refiere únicamente a una medida lineal, sino a una noción más compleja que integra aspectos físicos, perceptuales, sociales y funcionales del entorno. 

    Las distancias caminables son aquellas que las personas pueden (y están dispuestas) a recorrer a pie para satisfacer sus necesidades cotidianas, ya sea ir al trabajo, la escuela, al mercado o simplemente pasear.

    En ese sentido, una ciudad caminable no es la que reduce al mínimo las distancias físicas, sino la que crea condiciones agradables, seguras y accesibles para caminar. 

    Entre las características que desincentivan el usar el espacio público y caminar, podemos encontrar las inclemencias del clima (sol, lluvia), falta de vegetación, alta percepción de inseguridad, banquetas en mal estado (o incluso ausencia de banquetas), falta de vida pública y actividades atractivas que hagan más agradable el trayecto.

    Por ello, hablar de distancias caminables implica considerar la experiencia del peatón en su interacción con el entorno construido.

    Factores que determinan la caminabilidad del entorno

    1. Distancia percibida vs. distancia real: la percepción del espacio influye de manera determinante en la disposición de las personas a caminar. Una calle recta, larga y monótona puede parecer más lejana que una ruta con cambios visuales, sombra y actividades, aun cuando la distancia física sea la misma. Por lo tanto, el diseño urbano debe atender tanto a la geometría como a la experiencia sensorial del recorrido.

    2. Diversidad de usos y destinos: Una alta mezcla de usos del suelo dentro de distancias razonables (entre 400 y 800 metros) incentiva los desplazamientos a pie. Escuelas, tiendas, parques, transporte público y vivienda deben coexistir en un radio compacto. Esto permite que caminar sea no solo posible, sino conveniente.

    3. Seguridad y confort: La calidad de las banquetas, el mobiliario urbano, la iluminación, la sombra vegetal y la presencia de otros peatones contribuyen a crear un entorno percibido como seguro. Si caminar es incómodo o peligroso, incluso distancias cortas resultan disuasorias.

    4. Tiempo de desplazamiento: más que la distancia en metros, lo que las personas evalúan al decidir caminar es el tiempo que les tomará. Caminatas de 5 a 15 minutos suelen considerarse aceptables para actividades cotidianas, especialmente si el entorno es atractivo y funcional.

    La ciudad a escala humana

    Diseñar ciudades caminables implica adoptar un enfoque que priorice al peatón, su escala y necesidades. Esto supone romper con la lógica de zonificación y el diseño orientado al automóvil, para favorecer densidades compactas, mezclas de usos y una red de espacios públicos conectados.

    “Si algún día los hombres urbanos quisieran optar por una ciudad más dignificada, la calle sería lo primero en la lista por reivindicar” (Espinosa, E., 2013)

    Una ciudad bien diseñada es aquella en la que los desplazamientos cotidianos pueden hacerse a pie o en bicicleta, sin necesidad de depender del coche. 

    Esta visión no solo mejora la salud pública y reduce la contaminación, sino que también fortalece el tejido social al propiciar el encuentro y la interacción en el espacio público.

    Recomendaciones para fomentar las distancias caminables

    • Ubicación estratégica de equipamientos urbanos. Escuelas, mercados, paradas de transporte y parques deben distribuirse equitativamente en los barrios.
    • Diseño de calles completas. Incorporar banquetas amplias, arbolado, cruces seguros, iluminación y mobiliario.
    • Fomento de usos mixtos. Evitar zonas exclusivamente residenciales o comerciales, y promover barrios donde se pueda vivir, trabajar y consumir.
    • Incentivos normativos. Establecer lineamientos urbanos que prioricen proyectos compactos, conectados y caminables en los instrumentos de planeación.

    La caminabilidad no es una moda ni un lujo: es un criterio fundamental para el diseño urbano contemporáneo. Incorporar el concepto de distancias caminables en la planificación de nuestras ciudades nos permite avanzar hacia entornos más saludables, equitativos y sostenibles. Redescubrir al peatón es, en realidad, redescubrir el sentido profundo de la ciudad.

    Fuentes

    • Espinosa Fernández, E. I. (2013). Distancias caminables: Redescubriendo al peatón en el diseño urbano. Trillas.
  • La Pirámide de Movilidad Invertida

    ¿Por qué debería conocer la Pirámide de Movilidad Invertida? En el diseño urbano contemporáneo, pensar en cómo se mueve la gente en la ciudad es tan importante como pensar en los edificios.

    Para ello, uno de los conceptos clave que todo estudiante de arquitectura debería entender y dominar es la pirámide de movilidad invertida.

    Pero… ¿Qué es la pirámide de movilidad invertida?

    Es una herramienta visual que establece una jerarquía en los modos de transporte, priorizando aquellos que son más sostenibles y menos invasivos en el espacio urbano.

    En lugar de poner al Automóvil particular en la cima (como se ha hecho durante décadas), esta pirámide pone a las personas primero, priorizando a: Peatones, Ciclistas y Transporte público, y relegando al Transporte de carga y el Automóvil particular a los últimos peldaños.

    Pirámide de movilidad invertida (ITDP)

    Se le llama invertida porque desafía el orden tradicional en que se planificaron muchas ciudades durante el siglo XX, donde el automóvil era el protagonista.

    Este modelo prioriza a los usuarios más vulnerables: quienes caminan, usan la bicicleta o el transporte público. No se trata solo de justicia urbana: también se trata de eficiencia y sustentabilidad.

    Brasilia, Capital de Brasil. Se observa un diseño que prioriza el automóvil.

    Beneficios de aplicar la pirámide de movilidad en el diseño de las ciudades.

    Pensar desde la pirámide de movilidad invertida tiene implicaciones directas en la forma en que diseñamos calles, parques, banquetas y hasta conjuntos habitacionales.

    Algunos beneficios clave:

    • Mayor seguridad vial: al priorizar peatones y ciclistas, se reduce el riesgo de accidentes.
    • Menor contaminación: al fomentar modos no motorizados, se disminuye la huella de carbono.
    • Espacios públicos más habitables: las calles dejan de ser solo para circular y se transforman en lugares de convivencia.
    • Inclusión social: no todas las personas tienen coche; diseñar para todos significa pensar en la accesibilidad y equidad.
    Esquema de calle completa que integra la pirámide de movilidad invertida.

    ¿Qué papel juegas como arquitecto?

    Aunque muchas decisiones urbanas dependen de políticas públicas, el diseño arquitectónico puede reforzar o debilitar los principios planteados en la Pirámide de movilidad invertida.

    • Como arquitecto, diseñas espacios que se recorren a pie: banquetas, accesos, plazas, jardines. Si diseñas un acceso sin rampas, una banqueta angosta o sin sombra, estás desincentivando su uso.
    • El diseño de un edificio puede promover la mezcla de usos (vivienda + comercio + servicios), lo que reduce la necesidad de usar el coche y favorece los traslados a pie o en bicicleta.
    • ¿Tu proyecto se conecta con una ciclovía? ¿Tiene lugares seguros para dejar la bicicleta? ¿Está cerca de una parada de transporte público y la integras en el diseño? Las decisiones que tomes en ese sentido pueden facilitar o complicar la movilidad sustentable.
    • Los accesos principales, las visuales dominantes y la calidad de los espacios muchas veces revelan qué se está priorizando: ¿es fácil llegar caminando? ¿el acceso peatonal es claro y agradable? ¿o el coche tiene el protagonismo con un gran estacionamiento al frente?
    • Aunque muchas veces está regulado por normativa, tú puedes cuestionar el exceso de estacionamientos o proponer alternativas como estacionamientos compartidos, subterráneos o bien ubicados, para liberar espacio para otras funciones más sociales o ambientales.
    Copenhague, un entorno ideal para caminar y andar andar en bicicleta.

    Tu responsabilidad como arquitecto es diseñar espacios que faciliten y promuevan una movilidad más justa, accesible y sustentable.

    Aunque no controles todo el sistema urbano, tus decisiones pueden reforzar una lógica de ciudad más humana o perpetuar una ciudad centrada en el coche.

    La pirámide de movilidad invertida no es solo una teoría; es una guía para diseñar ciudades más justas, saludables y habitables.

    Como arquitecta o arquitecto en formación, tienes la oportunidad (y la responsabilidad) de cuestionar los modelos heredados y proponer nuevos espacios que prioricen a quienes realmente viven la ciudad.

    Al momento de abordar un proyecto, analiza con estos ojos la propuesta, seguramente podrás identificar puntos de mejora para tu proyecto, priorizando a los medios de movilidad mas sostenibles.