Etiqueta: Estudiantes de arquitectura

  • ¿Y si no hago renders? (Spoiler: no pasa nada)

    En estos tiempos, pareciera que hacer renders fotorrealistas es casi una obligación si estudias arquitectura. Basta con abrir Instagram para ver un desfile de imágenes perfectas, hiperrealistas, llenas de atmósferas, luces y muebles de diseñador (en muchas ocasiones panoramas imposibles de alcanzar).

    Y sí, los renders pueden ser una herramienta poderosa para comunicar y vender un proyecto… Pero también es válido preguntarse: ¿Y si no quiero hacer renders? ¿Y si no puedo? ¿Y si no los hago?

    Este post es para los que sufren cada vez que abren Twinmotion, los que no tienen una computadora gamer, los que dibujan mejor a mano o los que simplemente están cansados de perseguir una estética que a veces ni si quiera representa su proyecto.

    No necesitas renders para tener un buen proyecto

    Pausa, respira, repite conmigo: Un render no es sinónimo de calidad arquitectónica, es una herramienta de comunicación visual, al igual que una maqueta, un plano o un croquis, nada más.

    Un buen proyecto puede explicarse con líneas claras, diagramas, textos o maquetas. Lo importante no es el brillo de la imagen, sino la claridad del pensamiento que hay detrás. Si un proyecto se desmorona cuando le quitas el render, el problema no es técnico: es conceptual.

    Esquema conceptual del Tourning Torso, de Santiago Calatrava

    Algunos de los arquitectos más influyentes del siglo XX jamás usaron renders, Álvaro Siza trabajaba con dibujos a mano, Santiago Calatrava maneja esquemas con acuarelas y Tatiana Bilbao tiene la firme postura de usar collages para narrar ideas urbanas sin depender del hiperrealismo. La herramienta nunca fue el problema: lo importante era lo que querían comunicar.

    ¿Por qué nos obsesionamos con renderizar? Parte de la respuesta está en la cultura visual contemporánea. Vivimos rodeados de imágenes rápidas y las redes sociales favorecen lo inmediato. Un render bonito gana “likes” más fácilmente que un plano bien hecho. Esto genera una presión silenciosa: si no hago renders, mi trabajo se verá menos profesional.

    Corte esquemático y collage interior del «Centro de Investigación Mar de Cortes» de Tatiana Bilbao

    ¿Cuándo sí vale la pena hacer renders?

    Hay momentos en los que el render puede ser una gran herramienta:

    • Cuando quieres mostrar atmósferas específicas: la luz entrando en una biblioteca, la escala de una plaza, la textura de un muro.
    • Cuando participas en concursos o entregas públicas.
    • Cuando el público no tiene formación arquitectónica (por ejemplo, un cliente o inversionista).
    • O cuando te interesa experimentar con encuadres, materiales y composición visual.

    En esos casos, el render comunica algo que otras técnicas no logran con tanta precisión. Pero hacerlo solo porque “todos lo hacen” o “así se ve más bonito” puede terminar vaciando de sentido al proyecto.

    El render no es el enemigo, pero tampoco el protagonista. Debería llegar cuando el proyecto ya tiene una idea clara y no antes, cuando ya sabes qué espacio quieres comunicar, entonces vale la pena invertir tiempo en hacerlo visible.

    Proyecto «Campos Eliseos» de Tatiana Bilbao

    Alternativas que también comunican (y a veces mejor)

    Si no tienes una computadora gamer o no disfrutas renderizar, no te preocupes. Hay muchos caminos igual de válidos y expresivos:

    1. Axonometrías y perspectivas a mano: Tienen carácter, muestran tu trazo y tu mirada. Un dibujo a lápiz o tinta bien hecho puede transmitir espacialidad con más calidez.

    2. Collages arquitectónicos: Muy populares hoy, permiten explorar atmósferas combinando fotografías, texturas y planos. Son rápidos, experimentales y narrativos.

    3. Maquetas físicas fotografiadas: Una buena foto de una maqueta, con luz natural y encuadre cuidado, puede ser más poderosa que un render saturado. Además, muestra tu proceso y tu dominio del volumen.

    4. Secuencias o storyboards: En lugar de una imagen fija, narra cómo se habita el espacio: una persona que entra, se sienta, observa. Pequeñas viñetas que cuentan la vida dentro del proyecto.

    5. Croquis expresivos: Un croquis con acuarela o tinta puede transmitir atmósfera y movimiento. No todo debe ser hiperrealista: a veces, lo sugerido comunica más que lo explícito.

    Dibuja, modela, piensa

    No estás obligado a renderizar para ser arquitecto. No necesitas la computadora más potente ni dominar todos los programas, lo que sí necesitas es saber comunicar lo que piensas, con los medios que más se adapten a tu proceso.

    Si el proyecto es sólido, se nota, incluso con un dibujo en servilleta.

    Y si algún día quieres aprender a renderizar, hazlo por curiosidad, no por presión. Porque al final, lo importante no es si haces renders… sino si sabes pensar la arquitectura.

  • #Reseña: Ciudad Feliz, una invitación a mirar lo que funciona en nuestras ciudades

    En medio de tantos discursos que hablan sobre el colapso de las ciudades y sus problemas, del tráfico interminable, el caos y la desigualdad, Ciudad Feliz de Charles Montgomery (2023) aparece como un respiro necesario.

    En lugar de insistir en lo que va mal, este libro propone mirar lo que sí funciona: las ciudades que, poco a poco, logran hacer felices a sus habitantes. Montgomery, periodista y urbanista canadiense, no escribe para especialistas: convierte ideas complejas en reflexiones accesibles.

    Un urbanismo que empieza en las personas

    Lo que hace tan valioso a Ciudad Feliz es su punto de partida: el bienestar humano. Montgomery se pregunta cómo los espacios, las calles o los medios de transporte afectan nuestras emociones cotidianas ¿Por qué algunas calles invitan a caminar y otras generan ansiedad? ¿Por qué en ciertos barrios la gente se saluda más y en otros no?

    Basándose en estudios de neurociencia, economía conductual y psicología ambiental, el autor muestra cómo la configuración del entorno urbano puede potenciar o limitar nuestra felicidad.

    Una de las aportaciones más poderosas del libro es su mirada optimista, Montgomery no ignora los problemas urbanos, pero elige centrarse en los ejemplos positivos: Copenhague, Bogotá, Vancouver, Medellín o Portland, donde se están ensayando soluciones que ponen a las personas en el centro.

    El autor llama a ver estos lugares como “faros de esperanza”, no como modelos a copiar, sino como laboratorios de ideas que pueden adaptarse regionalmente. En lugar de importar planes, podemos inspirarnos en los principios planteados.

    Esta perspectiva resulta especialmente valiosa para quienes estudiamos o enseñamos urbanismo en Latinoamérica. Muchas veces las discusiones se estancan en el diagnóstico de carencias; Montgomery nos recuerda la importancia de mirar lo que ya funciona, aunque sea en pequeña escala, y aprender de ello.

    No habla solo de planeación, sino de cómo el diseño urbano moldea nuestras relaciones sociales y emociones. La ciudad puede ser una máquina que produzca bienestar o una que lo destruya, todo depende de las decisiones colectivas que tomemos.

    Una lectura obligatoria para estudiantes, docentes y ciudadanos

    Por su lenguaje accesible, Ciudad Feliz es un texto ideal para estudiantes de arquitectura, urbanismo y diseño urbano. Aporta un marco de pensamiento que combina teoría, evidencia y sensibilidad social.

    Como docentes o profesionales, el libro también nos invita a revisar nuestra propia práctica: ¿Diseñamos para la eficiencia o para el bienestar? ¿Cuánto espacio damos a las emociones y experiencias cotidianas en nuestros proyectos urbanos?

    Ciudad Feliz no es solo un libro sobre urbanismo: es un manifiesto sobre la empatía y la esperanza. Invita a pensar la ciudad no desde la frustración, sino desde la posibilidad. Su mensaje es simple pero transformador: las ciudades felices son aquellas que hacen felices a las personas.

    Leerlo es un acto de optimismo informado, una invitación a imaginar y construir ciudades donde la felicidad no sea un lujo, sino una meta colectiva.

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    Fuentes:

    Montgomery, C. (2023). Ciudad feliz: Transformar nuestras vidas a través del diseño urbano.

  • Del alacrán y las regletas al CAD: cuando escribir era (casi) un arte

    Si alguna vez tuviste que usar un alacrán para rotular un plano, este post es para ti. Y si no sabes qué es un alacrán, quédate a leer porque estás a punto de descubrir cómo era dibujar cuando el Ctrl+Z no existía.

    Antes de AutoCAD, colocar textos en tus planos era todo un ritual. Hoy basta con un par de clics y ya tienes el nombre del proyecto, la escala y los títulos listos para imprimir.

    ¿Mejor? Sí. ¿Más fácil? También. ¿Más bonito? Ahí ya entramos en terrenos de la nostalgia.

    Rotular a mano: una mezcla de paciencia, precisión y estrés

    Antes de que todo fuera digital, el rotulado era una de las partes más delicadas (y temidas) de hacer un plano. No era solo escribir bonito: era escribir perfecto, sin faltas de ortografía y sin posibilidad de modificar. Y para eso teníamos nuestras fieles herramientas:

    • Los estilógrafos: esos plumones de tinta china que, si no los limpiabas bien, te traicionaban con una mancha negra en pleno rótulo.
    • Las regletas: unas placas de plástico con letras huecas que servían de guía para trazar y mantener uniformes las letras y números.
    • El alacrán: una herramienta que servía de soporte para fijar los estilógrafos y se usaba en conjunto con las regletas para trazar texto profesionalmente.

    Rotular a mano era casi un arte, había que tener buen pulso, paciencia y mucha práctica, a veces pasabas horas haciendo un plano impecable… y al final, una letra chueca en el rótulo lo echaba todo a perder. Lágrimas, coraje, y vuelta a empezar.

    CAD: el día que aprendimos a escribir con estilo (de texto)

    Luego llegó AutoCAD y todo cambió.

    Ahora puedes:

    • Elegir el tipo de letra y cambiarla en cualquier momento.
    • Copiar y pegar rótulos entre planos como si nada.
    • Corregir errores de ortografía sin manchar nada.
    • Usar bloques con campos automáticos que se actualizan solos.

    Lo que antes era una proeza ahora es una rutina. Y sí, es mucho más eficiente, pero también se perdió algo del cariño que le poníamos al proceso, el cuidado de pensar bien cada palabra antes de plasmarla y cuidar la ortografía como si tu vida dependiera de ello (porque si, un error de dedo o una falta ortógrafa era equivalente a volver a empezar el plano).

    El rótulo dejó de ser ese remate hecho a mano con orgullo, para convertirse en una cajita con textos generados en segundos.

    ¿Y entonces qué? ¿Nos olvidamos del alacrán?

    Para nada. De hecho, vale la pena recordarlo. No para regresar al pasado (nadie quiere volver a lavar estilógrafos cada semana), sino para valorar lo que tenemos ahora.

    Rotular a mano enseñaba cosas que todavía importan:

    • El sentido del orden.
    • El cuidado en los detalles.
    • La responsabilidad gráfica.

    Pasar del alacrán al CAD fue como cambiar el cassette por Spotify. Todo es más rápido, más limpio, más fácil. Pero eso no significa que lo anterior no valiera la pena. A veces mirar atrás nos ayuda a entender mejor el presente, y a no dar por hecho cosas que antes costaban sudor (literal) y tinta.

    Así que la próxima vez que coloques textos en tus planos, recuerda: hubo una generación que lo hacía letra por letra, manchándose los dedos… y con la angustia de cometer un error en el proceso.

  • ¿Qué es una repentina en arquitectura y cómo prepararse para ella?

    En el mundo académico de la arquitectura, las repentinas son una práctica recurrente que despierta emociones encontradas entre estudiantes y docentes. Aunque pueden generar nerviosismo, también son una valiosa herramienta pedagógica. 

    Pero ¿qué es exactamente una repentina? ¿Cuál es su objetivo y cómo se puede afrontar con éxito?

    Este artículo explora el concepto de repentina dentro del contexto escolar, sus propósitos formativos y algunas estrategias para prepararse de manera eficaz. 

    Entender el valor de este ejercicio puede marcar la diferencia en tu desempeño académico y la manera con la que afrontas este reto.

    ¿Qué es una repentina en arquitectura?

    Una repentina es un ejercicio académico de diseño que se realiza en un tiempo limitado y con condiciones específicas que usualmente se desconocen hasta el momento de iniciar. 

    El término proviene de lo “repentino” o inesperado de la dinámica, y busca simular situaciones reales de resolución rápida de problemas en el ejercicio profesional de la arquitectura.

    Este tipo de actividades puede tener distintos formatos: desde una sesión corta de 2 o 3 horas en aula, hasta un trabajo intensivo de uno o varios días. 

    A menudo se realiza de forma individual, pero también existen variantes colectivas. Suelen evaluarse tanto el proceso como el resultado, y su objetivo no es la perfección gráfica, sino la capacidad de síntesis, respuesta conceptual, y resolución espacial.

    Propósitos formativos de la repentina

    Lejos de ser solo una prueba de estrés o improvisación, la repentina tiene un trasfondo pedagógico, algunos de sus objetivos son:

    • Fomentar la toma de decisiones rápida y fundamentada.
    • Ejercitar la capacidad de síntesis ante condiciones limitadas.
    • Estimular la creatividad en contextos de presión.
    • Simular escenarios reales del ejercicio profesional.
    • Promover la autoconfianza del estudiante en su intuición y habilidades.

    ¿Cómo prepararse para una repentina?

    Aunque por definición una repentina no se puede prever, existen formas de prepararse mental y técnicamente para enfrentarla con mayor solvencia:

    1. Ejercita tu pensamiento crítico: Practica el análisis rápido de situaciones urbanas o arquitectónicas. Observa tu entorno y formula pequeñas propuestas: ¿Cómo reordenarías un espacio público?, ¿Cómo sería una casa para una persona con alguna discapacidad? ¿Cuáles son sus necesidades? Este tipo de ejercicios cotidianos te preparan para pensar con agilidad.

    2. Domina tus herramientas de representación: En una repentina, el tiempo es oro. Saber dibujar rápido y claro, dominar las escalas, representar una idea en planta, sección y perspectiva con soltura es clave. No se trata de dibujos perfectos, sino de que comuniquen eficazmente.

    3. Administra bien tu tiempo: La gestión del tiempo define el resultado. Acostúmbrate a trabajar bajo cronómetro en ejercicios rápidos, divide el tiempo disponible en fases. Saber cuándo detenerte en una idea y cuándo pasar a la siguiente es parte del aprendizaje.

    4. Confía en tu intuición proyectual: Muchas veces, el peor enemigo en una repentina es la parálisis por análisis. Si has construido una base sólida de conocimientos, tu intuición puede ser una aliada poderosa. Aprende a confiar en tu primer impulso, sin dejar de sostenerlo con argumentos válidos.

    5. Cuida tu estado físico y emocional: No subestimes el valor del descanso, la alimentación y el manejo del estrés. Una mente cansada reacciona más lento, y en una repentina cada minuto cuenta. Llevar una botella de agua, tener un kit básico de dibujo listo y mantener una actitud positiva puede marcar la diferencia.

    Las repentinas en arquitectura son mucho más que simples pruebas sorpresa: son oportunidades para poner a prueba nuestras capacidades reales como proyectistas. Afrontarlas con preparación, autoconocimiento y estrategia permite transformarlas de experiencias estresantes en momentos de crecimiento.

    En última instancia, una repentina refleja lo que ya sabes y lo que puedes construir con ello en un tiempo limitado. No se trata de brillar con soluciones espectaculares, sino de resolver con inteligencia, claridad y sensibilidad.

    Fuentes consultadas:

    • Álvarez Tamayo, D. I., & Cabrera Pérez, H. A. (2005). La repentina como práctica académica de diseño enfocada al bien común. UPAEP.
    • Salazar-Ceciliano, E., Alvarado-Retana, J., & Chang-Albizurez, D. (2020). Repentinas como estrategia didáctica para el desarrollo de la creatividad en los procesos iniciales de la enseñanza de arquitectura. Tecnología en marcha, (Edición especial), 71–78. Escuela de Arquitectura y Urbanismo.
  • ¿Qué es el urbanismo táctico? Cambios pequeños que transforman ciudades

    Imagina que un grupo de vecinos se junta a pintar un cruce peatonal, para hacerlo más visible, colocar macetas para delimitar el área de los automóviles y colocar bancas improvisadas, creando una pequeña plaza donde poder hacer vida comunitaria en donde antes sólo pasaban autos. 

    No es una gran obra pública, ni un proyecto millonario. Pero cambia por completo cómo se vive ese espacio. Eso es el urbanismo táctico: intervenciones urbanas pequeñas, temporales y de bajo costo, que buscan mejorar la vida en la ciudad… ¡Desde ya!

    En los últimos años, este enfoque ha tomado fuerza en todo el mundo como una herramienta poderosa para reimaginar el espacio público, y lo mejor es que está al alcance de cualquiera, incluso de estudiantes de arquitectura.

    ¿Pero qué es exactamente el urbanismo táctico?

    El término nació como una respuesta ciudadana a la lentitud y rigidez de la planeación urbana tradicional. En lugar de esperar años para ver cambios, el urbanismo táctico propone acciones inmediatas que, aunque sean temporales, permiten experimentar cómo podría ser una ciudad más amable, segura y disfrutable para todos.

    Se trata de usar materiales sencillos como pintura, conos, palets, señales o mobiliario portátil para transformar calles, banquetas o plazas por un tiempo limitado. Pero lo interesante es que muchas de estas intervenciones han tenido tanto éxito que terminan volviéndose permanentes.

    ¿Por qué importa esto para quienes estudiamos arquitectura?

    El urbanismo táctico nos enseña a prototipar, a probar ideas en la vida real, en lugar de quedarnos solo en planos y renders. También nos recuerda que el diseño urbano no es exclusivo del gobierno o de grandes oficinas, sino que puede surgir desde la comunidad, desde lo cotidiano.

    Además, nos obliga a pensar en soluciones con pocos recursos, lo cual es un reto muy útil para nuestra formación: ¿cómo resolverías un cruce peligroso con solo 5 mil pesos, un par de amigos y algo de creatividad?

    La próxima vez que tengas que diseñar un parque, una calle o una propuesta urbana en tu proyecto, piensa: ¿Qué podrías probar primero de forma temporal? ¿Cómo se vería una versión «táctica» de tu propuesta? ¿Qué pasaría si involucraras a los usuarios y vecinos reales desde el inicio?

    El urbanismo como experimento vivo

    Las ciudades están vivas, y como tales, cambian constantemente. El urbanismo táctico nos recuerda que no todo tiene que ser definitivo para ser significativo. A veces, una intervención pequeña puede detonar grandes transformaciones. Y eso es algo que podemos empezar a practicar desde la escuela.

    Así que si alguna vez sientes que no puedes cambiar nada como estudiante, piensa en esto: bastan pintura, voluntad y comunidad para empezar a transformar tu ciudad, una esquina a la vez.

  • ¿Está mal usar ChatGPT en arquitectura? Una guía honesta

    Desde hace un tiempo la inteligencia artificial se ha colado en las universidades, en los talleres y hasta en nuestras desveladas, es cada vez mas frecuente consultar en estos medios para «investigar». No solo ChatGPT, sino Gemini, DeepSeek e incluso Siri son cada vez más potentes y difíciles de detectar.

    Muchos estudiantes de arquitectura ya lo usan para redactar, buscar ideas, organizar entregas o incluso para entender conceptos complejos.

    Pero entre lo útil y lo cómodo hay una línea delgada, y vale la pena preguntarnos: ¿Qué tan honesto es usar una IA en tareas escolares? ¿Y cómo podemos sacarle provecho sin perdernos lo valioso del proceso académico?

    La respuesta corta (y polémica) es que sí, claro que lo puedes usar IA, sería tonto tener la tecnología al alcance de la mano y no aprender a usarla e integrarla a nuestros flujos de trabajo, incluso no usarla podría dejarnos en desventaja con otros profesionistas que integran la herramienta de manera eficiente.

    Pero la IA no debe usarse para dejar que piense por ti, porque eso te convierte en un eslabón del cual podemos prescindir: “¿Si yo directamente puedo encargar a una IA que haga tu trabajo, para que necesito contratarte?”

    Empecemos por lo obvio: ChatGPT es una herramienta, no un atajo mágico. No va a pensar tu proyecto, ni va a resolver tu concepto espacial, ni va a sustituir tu criterio arquitectónico.

    Lo que sí puede hacer (y muy bien) es ayudarte a:

    • Redactar textos más claros o mejor estructurados (memorias, fichas, descripciones).
    • Organizar tus ideas cuando estás bloqueado.
    • Generar listas, esquemas, cronogramas o resúmenes de lectura.
    • Rebotar ideas cuando no tienes con quién conversar sobre tu proyecto.
    • Traducir tecnicismos o explicarte conceptos difíciles.

    Pero aquí la palabra clave es “ayudarte”, la idea es tuya, pero empleas la herramienta para refinarla y pulirla. Si solo copias y pegas sin entender nada, no estás haciendo arquitectura: estás haciendo trampa contigo mismo.

    ¿Entonces está mal usarlo? No… siempre y cuando la uses con conciencia. El problema no es usar ChatGPT, el problema es dejar que haga todo por ti sin reflexionar ni aprender en el proceso, porque como estudiante te estás perdiendo la oportunidad de reflexionar, cometer errores y aciertos, pero sobre todo, de aprender (que es el principal objetivo de los maestros al encargarte tarea).

    Porque el valor de la carrera de arquitectura no está solo en el resultado final, sino en cómo llegas ahí: En cómo conectas ideas, resuelves contradicciones, representas lo que imaginas, y eso, por ahora, ninguna IA puede vivirlo por ti.

    Pautas para usar ChatGPT sin perder la esencia del aprendizaje:

    • Úsalo como asistente, no como autor: Deja que te acompañe, que te sugiera, que te ayude a ordenar. Pero toma tú las decisiones. Cambia, adapta, cuestiona lo que la IA te propone.
    • Revísalo todo: ChatGPT se equivoca. A veces inventa autores, fechas o datos. Otras veces usa definiciones muy generales. Siempre revisa lo que obtienes.
    • Personaliza lo que te da: agrega tu voz, tu experiencia, tu forma de pensar. Una memoria de proyecto sin tu sello personal pierde valor y se vuelve genérica.
    • Complementa, no sustituyas: Si usas ChatGPT para entender un concepto, luego busca una fuente académica, léela y relaciona. No te quedes solo con el resumen.
    • Sé transparente con tus profesores: Muchos docentes están abiertos al diálogo. Puedes decir “me ayudé con IA para estructurar el texto, pero lo desarrollé yo”. Eso es honesto.

    Conclusión: no es trampa si lo usas bien

    ChatGPT no es el enemigo, ni tampoco la solución a todos tus problemas. Es como un lápiz más sofisticado: si lo usas con intención, puede ayudarte a mejorar.

    Pero si lo usas sin criterio, te perderás lo más importante de estudiar arquitectura: aprender a pensar por ti mismo.

    Úsalo con inteligencia, con honestidad, y como parte de tu proceso. Porque la arquitectura —como muchas cosas— no se trata solo de llegar, sino de cómo te transformas en el camino.

    ¿Te interesa profundizar mas en el tema? Te invito a leer el siguiente articulo:

    https://www.compilatio.net/es/noticias/enganar-con-chatgpt

  • Bienvenido/a

    ¡Ey, hola! Bienvenido a mi blog, soy Miguel: arquitecto y diseñador urbano mexicano, con más de 10 años de experiencia en proyectos arquitectónicos y a escala urbana.

    También soy docente universitario de Arquitectura, fanático de los videojuegos, el cine y los libros.

    Permíteme acompañarte en tu proceso de crecimiento como estudiante de arquitectura y arquitecto recién egresado.

    Estoy seguro de que, a lo largo de este proceso, te has quedado con dudas o inquietudes que no alcanzaste a preguntar en clase (o te dio pena hacerlo).

    En este blog vamos a profundizar en esos temas básicos pero importantes de la Arquitectura y el Urbanismo, compartiendo datos e información que complementen tu formación o reafirmen lo aprendido en clases, con un lenguaje simple pero confiable.

    Soy nuevo en esto, así que estoy abierto a cualquier comentario, sugerencia o petición en el apartado correspondiente.

    Sin más, espero que este espacio sea de tu agrado y ahora sí:

    ¡Manos a la obra!.